sábado, 15 de enero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
"COSAS DE LA VIDA"
El mundo cultural frecuentaba Ahumada los años en que tomarse una taza de café era un acto literario.
Los salones de la calle Ahumada y la Plaza de Armas fueron lugares de reunión de escritores, intelectuales y artistas de la bohemia Santiaguina. Hasta ellos llegaban personajes como María Luisa Bombal, Ruben Dario y Manuel Rojas.
La calle Ahumada de Santiago, llamada así desde el siglo XVI en recuerdo de Don Juan Ahumada, que tenía allí su solar, contó desde muy antiguo con una serie de cafés que fueron lugar de tertulia y encuentros literarios entre autores y artistas.
Por allí paseaban los elegantes, rumbo a la Plaza de Armas, que era el punto de encuentro de la sociedad colonial.
En las inmediaciones de la Plaza se situaban los cafés para jugar a la malilla y al monte de baraja, que eran los juegos de naipe de la sociedad Chilena de finales del siglo XVIII.
En la época republicana fue famoso el café Casino, fundado en 1831 por Rafael Hevia en el lugar donde hoy está el Palacio Arzobispal, con refrescos servidos en bandejas de plata y recitales de valses, cuadrillas y mazurcas al piano.
Hacia finales del siglo XIX en plena guerra del Pacífico, en 1879, se fundó en la calle Ahumada con Huérfanos la confitería Torres, denominada así en recuerdo de Don Víctor Domingo Torres, mayordomo de una familia Santiaguina que instaló ahí su café para ofrecer los dulces de su especialidad: alfajores, príncipes y huevos mol.
Allí estuvieron escritores y artistas, entre ellos el novelista Luis Orrego Luco, recién titulado de abogado, junto al joven poeta Ruben Dario y Pedro Balmaceda Toro, el hijo del Presidente José Manuel Balmaceda.
En el interior, de estilo Francés, con frascos de caramelos y mesones de mármol, los caballeros bebían café turco y licores finos, mientras las damas tomaban una taza de té o leían poemas de Alfred de Musset.
Años más tarde, en 1927, en la misma calle Ahumada, Don Ismael Valdés Alfonso fundó el célebre Naturista. Lo hizo inspirado en la filosofía Oriental de Mahatma Gandhi, y del poeta Rabindranath Tagore, a quienes había conocido en Europa.
El Naturista impuso
en Santiago un nuevo modo de alimentarse a base de frutas y verduras, pero a la vez congregó a pintores como Benito Rebolledo y Alfredo Helsby, que exponían sus cuadros en los comedores del segundo piso.
Por allí pasaron, entre otros, los escritores Luis Durand, el caricaturista Español Antonio Romera y el escritor Augusto D´halmar con su amplia capa de Castilla.
En esta céntrica arteria estaba situado también el café Lucerna, con su toldo a la calle y su letrero parpadean te.
Durante los años 40, este café fue el punto de reunión de escritores y artistas. Ahí estuvo tomando el té la escritora Marta Brunet con sus características gafas oscuras sentada en una mesa mirando la pista redonda, tenía la sensación de estar en un carrusel detenida en el tiempo. En el centro se sucedían los números artísticos. Aquí cantaron los Le Cuona, Cuban Boys y los Churumbeles de España. A mediodía sorteaban entre los asistentes un fino mantón de Manila y una botella de champagne de la Marquise de Sévigne. El día sábado llevaban a los niños a comer unas deliciosas media lunas.
Lamentable mente, este mítico café del centro desapareció en un incendio durante el verano de 1949.
En esta misma época de abrió el café Santos en el subterráneo de Ahumada con Huérfanos. Se bajaba al café por una escalera de mármol con pasamanos de bronce bajo una cúpula art déco. Abajo, las mesas estaban dispuestas en un espacio circular por donde deambulaban los mozos vestidos de impecable chaqueta blanca sirviendo té o café. En las mesas había grandes bandejas con toda clase de panes y galletas de agua. Por aquí pasaron escritores que venían a entablar largas tertulias, en una época en que había tiempo para conversar tardes enteras de Arte y Literatura.
Entre sus asiduos estaban los escritores Luis Sanchez Latorre. el historiador de teatro Mario Canepa, el crítico Martín Cerda y, entre muchos otros, el periodista Tito Mundt.
En esa época, en 1948, Don Antonio Neri fundó el café Haití de la calle Ahumada, inspirado en los cafés Italianos para tomar el café de pie. Por aquí han pasado escritores, abogados y políticos, manteniendo la tradición del buen café conversado, aun después de medio siglo.
Otro lugar elegante era el salón de té del Hotel Crillón, que estaba en Agustinas al llegar a Ahumada, en el Palacio que perteneció a los Larraín García Moreno.
Aquí se dieron cita intelectuales y gente de teatro. En este ambiente se inspiró Joaquín Edwards Bello para escribir su novela "La Chica del Crillón".
Allí estuvieron conversando de Arte y Literatura los autores Manuel Rojas, María Luisa Bombal y la novelista María Carolina Geel.
En los años 50, la familia Sahli fundó La Novia en la calle Ahumada con Huérfanos, en el mismo lugar donde estuvo la mítica confitería Torres.
La Novia fue el primer "Bar Lácteo" que existió en Santiago. Su especialidad eran los jugos de frutas, la leche con plátano, los sándwiches de miga y el postre Panagra a base de helado, granadina y fruta, característico de esa línea aérea.
Este fue su sello, junto con sortear discos entre los asistentes. De esa época fue también el restaurante Waldorf, elegante y de buen tono, perteneciente a la familia Pubill, donde convergieron artistas y personalidades.
Pasear hoy día por el centro de Santiago es evocar otros tiempos, especialmente aquellos cuando la vida social e intelectual transcurría lentamente y con mucho tiempo alrededor de una taza de café.
"Manuel Peña Muñoz es escritor y autor de "Los Cafés Literarios en Chile".
Mónica Díaz Montoya
Gestora Cultural
Los salones de la calle Ahumada y la Plaza de Armas fueron lugares de reunión de escritores, intelectuales y artistas de la bohemia Santiaguina. Hasta ellos llegaban personajes como María Luisa Bombal, Ruben Dario y Manuel Rojas.
La calle Ahumada de Santiago, llamada así desde el siglo XVI en recuerdo de Don Juan Ahumada, que tenía allí su solar, contó desde muy antiguo con una serie de cafés que fueron lugar de tertulia y encuentros literarios entre autores y artistas.
Por allí paseaban los elegantes, rumbo a la Plaza de Armas, que era el punto de encuentro de la sociedad colonial.
En las inmediaciones de la Plaza se situaban los cafés para jugar a la malilla y al monte de baraja, que eran los juegos de naipe de la sociedad Chilena de finales del siglo XVIII.
En la época republicana fue famoso el café Casino, fundado en 1831 por Rafael Hevia en el lugar donde hoy está el Palacio Arzobispal, con refrescos servidos en bandejas de plata y recitales de valses, cuadrillas y mazurcas al piano.
Hacia finales del siglo XIX en plena guerra del Pacífico, en 1879, se fundó en la calle Ahumada con Huérfanos la confitería Torres, denominada así en recuerdo de Don Víctor Domingo Torres, mayordomo de una familia Santiaguina que instaló ahí su café para ofrecer los dulces de su especialidad: alfajores, príncipes y huevos mol.
Allí estuvieron escritores y artistas, entre ellos el novelista Luis Orrego Luco, recién titulado de abogado, junto al joven poeta Ruben Dario y Pedro Balmaceda Toro, el hijo del Presidente José Manuel Balmaceda.
En el interior, de estilo Francés, con frascos de caramelos y mesones de mármol, los caballeros bebían café turco y licores finos, mientras las damas tomaban una taza de té o leían poemas de Alfred de Musset.
Años más tarde, en 1927, en la misma calle Ahumada, Don Ismael Valdés Alfonso fundó el célebre Naturista. Lo hizo inspirado en la filosofía Oriental de Mahatma Gandhi, y del poeta Rabindranath Tagore, a quienes había conocido en Europa.
El Naturista impuso
en Santiago un nuevo modo de alimentarse a base de frutas y verduras, pero a la vez congregó a pintores como Benito Rebolledo y Alfredo Helsby, que exponían sus cuadros en los comedores del segundo piso.Por allí pasaron, entre otros, los escritores Luis Durand, el caricaturista Español Antonio Romera y el escritor Augusto D´halmar con su amplia capa de Castilla.
En esta céntrica arteria estaba situado también el café Lucerna, con su toldo a la calle y su letrero parpadean te.
Durante los años 40, este café fue el punto de reunión de escritores y artistas. Ahí estuvo tomando el té la escritora Marta Brunet con sus características gafas oscuras sentada en una mesa mirando la pista redonda, tenía la sensación de estar en un carrusel detenida en el tiempo. En el centro se sucedían los números artísticos. Aquí cantaron los Le Cuona, Cuban Boys y los Churumbeles de España. A mediodía sorteaban entre los asistentes un fino mantón de Manila y una botella de champagne de la Marquise de Sévigne. El día sábado llevaban a los niños a comer unas deliciosas media lunas.
Lamentable mente, este mítico café del centro desapareció en un incendio durante el verano de 1949.
En esta misma época de abrió el café Santos en el subterráneo de Ahumada con Huérfanos. Se bajaba al café por una escalera de mármol con pasamanos de bronce bajo una cúpula art déco. Abajo, las mesas estaban dispuestas en un espacio circular por donde deambulaban los mozos vestidos de impecable chaqueta blanca sirviendo té o café. En las mesas había grandes bandejas con toda clase de panes y galletas de agua. Por aquí pasaron escritores que venían a entablar largas tertulias, en una época en que había tiempo para conversar tardes enteras de Arte y Literatura.
Entre sus asiduos estaban los escritores Luis Sanchez Latorre. el historiador de teatro Mario Canepa, el crítico Martín Cerda y, entre muchos otros, el periodista Tito Mundt.
En esa época, en 1948, Don Antonio Neri fundó el café Haití de la calle Ahumada, inspirado en los cafés Italianos para tomar el café de pie. Por aquí han pasado escritores, abogados y políticos, manteniendo la tradición del buen café conversado, aun después de medio siglo.
Otro lugar elegante era el salón de té del Hotel Crillón, que estaba en Agustinas al llegar a Ahumada, en el Palacio que perteneció a los Larraín García Moreno.
Aquí se dieron cita intelectuales y gente de teatro. En este ambiente se inspiró Joaquín Edwards Bello para escribir su novela "La Chica del Crillón".
Allí estuvieron conversando de Arte y Literatura los autores Manuel Rojas, María Luisa Bombal y la novelista María Carolina Geel.
En los años 50, la familia Sahli fundó La Novia en la calle Ahumada con Huérfanos, en el mismo lugar donde estuvo la mítica confitería Torres.
La Novia fue el primer "Bar Lácteo" que existió en Santiago. Su especialidad eran los jugos de frutas, la leche con plátano, los sándwiches de miga y el postre Panagra a base de helado, granadina y fruta, característico de esa línea aérea.
Este fue su sello, junto con sortear discos entre los asistentes. De esa época fue también el restaurante Waldorf, elegante y de buen tono, perteneciente a la familia Pubill, donde convergieron artistas y personalidades.
Pasear hoy día por el centro de Santiago es evocar otros tiempos, especialmente aquellos cuando la vida social e intelectual transcurría lentamente y con mucho tiempo alrededor de una taza de café.
"Manuel Peña Muñoz es escritor y autor de "Los Cafés Literarios en Chile".
Mónica Díaz Montoya
Gestora Cultural
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